Vocación y precariedad en el ‘Washington Post’
“Pueden quitarnos nuestra sección, pero, en cierto modo, no pueden quitarnos nuestro espíritu”, ha sostenido el columnista del diario ‘Washington Post’ Barry Svrluga después de que el medio estadounidense haya anunciado el despido de 300 periodistas, mientras alguno de los profesionales de la sección de deportes ya había cruzado el charco para cubrir los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina demostrando que puede luchar contra la precariedad con vocación.
La precariedad del mundo periodístico es bien conocida: los salarios apenas son competitivos, las jornadas se alargan sin hora de salida a la vista y la conciliación se vuelve misión imposible. Todavía es peor cuando cientos de profesionales se quedan sin sueldo de un día para otro porque la empresa decide “recortar en costes”.
Así les ha ocurrido a los periodistas del ‘Washington Post’ a quienes tras una mala racha financiera, el periódico ha puesto de patitas en la calle a alrededor de un tercio de su plantilla.
El fundador de Amazon, Jeff Bezos, se hizo con la propiedad del ‘Washington Post’ en septiembre de 2013, acabando con la tradición familiar del diario perteneciente a la familia Graham durante cuatro generaciones.
Algunos de ellos no se encontraban en Estados Unidos puesto que estaban realizando su labor periodística en el extranjero: en Italia por los JJ.OO de Invierno o, incluso, en Ucrania realizando un reportaje sobre la guerra.
Sin embargo, algunos de estos profesionales han decidido priorizar su amor por el periodismo a la situación de desempleo en la que ahora se encuentran y los redactores de la sección de deportes del ‘Washington Post’ han optado por quedarse a cubrir la competición deportiva en la que ya contaban con los billetes de ida y vuelta, el alojamiento e, incluso, habían montado su sitio de trabajo en la zona habilitada para la prensa.
“Me encanta cubrir los Juegos Olímpicos. … Tuve a Lindsey lesionada en Sestriere y luego tuve su oro (Vancouver, 2010) y he tenido cada una de sus carreras olímpicas, fueran éxitos o no. Lo mismo con (Mikaela) Shiffrin”, ha sostenido Svrluga en declaraciones a la agencia AFP.
Esta situación refleja las dos almas del periodismo: vocación y precariedad. Por un lado, un empleo precarizado y con una alta tasa de desempleo, cada vez más mediado por los beneficios y el número de visitas en internet y redes sociales; y, por otro lado, un sector plagados de románticos que aman su trabajo y quieren mantener a la población informada.
A causa de esto y de los ejemplos que nos dan periodistas como Svrluga, quienes nos dedicamos a esto todavía confiamos que este empleo se puede salvar con la vocación y sin la precariedad.
